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Ediciones Culturales: Vida, pasión y muerte de un organismo oficial

29 julio 2009
MDZol. 29 de Julio de 2009 |15:10
MDZ
Ediciones Culturales funciona en el edificio de la Secretaría de Cultura.
El organismo oficial que debería ocuparse de las Letras mendocinas se encuentra en un estado de virtual agonía. Sólo se organiza un certamen literario y una feria y se publican muy pocos libros. Preguntas: ¿Cómo es posible que la madre de la cultura, que es la palabra, no reciba adecuado trato?¿Qué pasa con la Ley del Libro? ¿Y la imprenta oficial? ¿Y el trabajo en conjunto con nuestros fabulosos escritores?
Entrevista de Ulises Naranjo

Cualquier escritor u hombre de la cultura mendocina sabe muy bien que el apoyo oficial que las letras mendocinas están recibiendo es tristísimo, casi nulo. Agonía es una palabra que le cabe al destino de las letras provinciales respecto de las acciones gubernamentales. Y no es de ahora el asunto: las letras mendocinas son, si bien se las mira, las letras que sobreviven al naufragio de las letras.

Cualquiera lo sabe, pero, en este caso, y por propia iniciativa, será una propia empleada de Ediciones Culturales de la Secretaría de Cultura quien, de modo valiente, vendrá a echar luz sobre este abandono.

No es una empleada cualquiera. Es una empleada que hace 16 años que espera que su contrato deje de ser tal y sea pasada a planta, pues de hecho conoce más del organismo que las eventuales autoridades políticas de los últimos diez años. Sin embargo, no es por esto que no es un empleada cualquiera. No es una empleada cualquiera porque, además, es una de las mejores escritoras de Mendoza, de ahora y de siempre.

Sonnya De Monte, que de ella hablamos, es dramaturga, cuentista, poeta, novelista y actriz. Es una de las personalidades mayores de las Letras mendocinas. Vean si no tendrá autoridad para hablar, justamente, de Ediciones Culturales de Mendoza, sitio donde trabaja. Vamos a ella.

Naufragio del abecedario

Comienzan así sus pareceres: “Se debe explicación a los ciudadanos. Se debe aclaración, en especial a aquellos que se dedican a las letras, en este caso. Hay que decir que la Ley de creación de Ediciones Culturales de Mendoza, data de 1992. Con más o menos resultados, con más o menos efectividad, se ha cumplido en magra parte desde entonces”.

A los efectos de ilustrarnos, la escritora, al respecto, nos dicta el artículo II de dicha ley. Es éste, para que lo tengamos en claro:

“El Organismo Ediciones Culturales de Mendoza, tendrá como objetivo:

a) Impulsar e implementar un Programa Provincial del Libro, y toda Producción Cultural y Educativa, de Autores Mendocinos Consagrados y de jóvenes valores;

b) Realizar las publicaciones de índole educativa que apunten a lograr el objetivo de la regionalización cultural de la educación;

c) Celebrar convenios con entidades oficiales y privadas, para coeditar libros, revistas, cuadernos y producciones culturales y educativas que sirvan a los objetivos expuestos”.

Dice al respecto De Monte: “Se sabrá, entonces, que poco de lo contemplado se ha cumplido, pero ha habido una buena cantidad de títulos publicados y, por lo menos al existir, existe también la posibilidad y la obligación (no la voluntad, lamentablemente) de cumplirlo en su totalidad.

Para la autora es claro que, si existe una ley, deben cumplirse los objetivos planteados en ella: “Lo que ocurre es que quienes estamos lejos de los centros editoriales tenemos que estar amparados por leyes que existen, sí, pero no se cumplen. Este es el caso de la Ley de creación de Ediciones Culturales de Mendoza”.

Un de los testimonios de los tiempos actuales tiene que ver con la que fue nuestra imprenta oficial. Quienes tienen memoria recuerdan que Mendoza tenía una imprenta. Y que esa imprenta funcionaba y que llegó a ser muy importante para la provincia. Esa imprenta ya no existe. Ya en plena decadencia, algunos empleados se hicieron cargo por propia cuenta y se fue extinguiendo.

Ahora, la rara vez que, impulsado por el Estado, se hace un libro en Mendoza, se lleva a cabo un llamado a licitación abierto: “A veces, ganan empresas foráneas, de La Plata, por ejemplo. ¿Cómo hacés para controlar esa edición”, se pregunta Sonnya. Y remata: “Se tienen que publicar más libros y los tienen que publicar solamente editoriales de Mendoza”.

Otro testimonio de la devastación son los testimonios baldíos, desde hace décadas, de conseguir para la provincia una Ley del Libro. Los últimos intentos, uno de la década de los ’90 y otro del 2005, están durmiendo en algunos cajones perdidos. Hace poco, hubo un proyecto para instituir un premio para novela y fracasó.

¿Qué queda, entonces en el gobierno? Un área de Letras que organiza la feria del libro y un certamen literario y Ediciones Culturales, que, en concreto y hasta donde sabemos, este año ha hecho solamente un libro de Roig.

Esto y un naufragio del abecedario, es lo mismo.

Dignidad Social

Dice Sonnya De Monte: “Sabemos que hay necesidades ineludibles en nuestra sociedad, primarias y elementales. El tema está en crear prioridades que formen parte de la dignidad social y no dejar necesidades relegadas y estafadas. La educación, la cultura, la reflexión, la solidaridad, la preparación intelectual… de esas prioridades y jerarquizaciones surge esta sociedad que tenemos, la que sufrimos, la que nos está haciendo pedazos en todos los sentidos: indiferente, procaz, deshonesta, hambreada, violenta, analfabeta”.

Ante el panorama de la incumplida ley, De Monte pone el acento en que se “requiere revisión, requiere una racional y eficaz reglamentación, más allá de la existente que ostenta muchas falencias. Al respecto, en varias gestiones, quienes trabajamos en el organismo, hemos propuesto por conocimiento, experiencia y contacto directo con los escritores de Mendoza (no solo con los de Capital y Gran Mendoza), las reformas que podrían ser realizadas y que harían de esta legislación algo más que lo que hasta ahora es: un fantasma”.

La vergüenza y los superiores

Nos hace acordar la escritora que Ediciones Culturales de Mendoza contaba una docena de empleados activos, además de la referida Imprenta oficial. “Se fue todo al tacho. Quedamos apenas cuatro en una oficina que es símbolo de la importancia que se le da a la educación, al estudio, a los libros en este presente: cerrada, desprolija, despojada, encerrada, desaliñada, improductiva”, confiesa respecto del triste panorama.

Y continúa en tono de confesión: “Me avergüenza, por ser parte inútil de esta cosa, por no tener la fuerza (y pareciera que ni los argumentos) como para que de una buena vez trabajemos en cumplimiento de lo que ordena una ley. Me avergüenza reclamar en forma individual, grupal, desde asambleas y desde notas, por los nulos resultados, para ser considerada un agente del estado con todas las de la ley; es decir, dejando atrás un contrato insólito que data de más de una quincena y estar siempre a expensas de cualquier capricho, intolerancia, arbitrariedad, interés o desinterés y ‘errores’ administrativos. Me avergüenza que la gente me pague y que mis superiores crean que son quienes me pagan por no cumplir una ley”.

Ya hacia el final, Sonnya sabe que, aunque quiere seguir jugando y sabe mucho del juego, ha tirado todas las cartas sobre la mesa: “He dicho esto cuantas veces he podido, en notas, comentarios, audiencias, con funcionarios y legisladores de turno, en charlas tanto de café como en otras más importantes. Y  también a colegas, ¿eh? Pero nada. Entonces se me ocurre, ya que está tan calmo el panorama con respecto a lo artístico-cultural, no dejar que se olviden de ello y hablar de este aspecto específicamente”.

– ¿Por qué decís todo esto?

– Porque soy ciudadana. Y escritora de Mendoza. También se me debe explicación y aclaración. También, especialmente, porque soy “empleada” del Estado contratada hace dieciséis años, porque debería trabajar ininterrumpidamente por los escritores, que para eso me pagan, pero no.

Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/147789
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